El Beato Allamano movió los pies a La Consolata

En Orán tampoco se quedaron afuera de los festejos en honor a la Consolata. Los salteños nos cuentan las actividades realizadas con motivo de la festividad.


En nuestra parroquia misionera de San José de la Nueva Orán, un grupo de feligreses, destacándose los jóvenes del Grupo Misionero (JMC), han adherido a nuestra invitación y, juntos, hemos celebrado la Eucaristía en el día de Nuestra Madre, la Consolata.

Hemos concelebrado los padres José Auletta y Luis Manco. Ha ejercitado su ministerio el diácono Zacchaeus Okoth Alaro.

Al lado del ambón, se habían colocados signos y símbolos: el cuadrito de La Consolata y una llama de fuego, símbolo del Espíritu Consolador; la fuente bautismal y la Biblia, pues de allí nacimos misioneros: fuimos bautizados en el Espíritu que une y nos envía. Además, el tríptico con los íconos misioneros que evangelizaron a América Latina y dos pañuelos que indicaban que aquella evangelización recibida debía de ser “restituida” hasta los confines del mundo: el pañuelo de las banderas en cuyos Pueblos se ha ido derramando el celo misionero de los IMC y el pañuelo de los LMC.

El padre Luis, un tiempito antes de la misa, describió los dramáticos tiempos que vivía la ciudad de Turín como efecto de la industrialización salvaje que agobiaba a la pobre gente. La Consolata se demostraba de veras la Mujer Consoladora que enjugaba las lágrimas de cuantos se llegaban a Ella pidiendo pan, consuelo, fuerza y agradeciendo sus favores.

En la homilía de la misa recordó que el Beato Allamano, tocado por la compasión de Dios, “movió los pies de la dulce Señora de la Consolación en Turín” para solicitarla a extender su manto de piedad a todos los pueblos. ¿No era Ella, La Consolata, el rostro trasparente del Dios que la Biblia define “Dios de todo consuelo”? Consoló a Adán y Eva (Gn. 3,21); se alejó del Templo y se fue a consolar sus hijos en el destierro (Ez. 10); será Padre y Madre Consoladora para con su pueblo ,y las “gentes todas”, porque eternizará su consuelo y secará las lagrimas de sus ojos desterrando para siempre la muerte y la pena, el llanto y el dolor (Ap. 21).

Comunidad imc de Orán.




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