Nuestra tierna Madre, Maria Consolata.

P. Luis Manco, misionero de la consolata y asesor de los LMC en Argentina, nos saluda con motivo de nuestra fiesta, la fiesta de Nuestra Señora de la Consolata. "Llevamos el título de la Consolata como 'un nombre y apellido'".


Nuestro fundador, el Beato José Allamano, estuvo firmemente convencido de que “el Instituto ha nacido por voluntad de La Consolata”. Ella, María Consolata, en las Constituciones de los Misioneros de la Consolata es llamada: “modelo y guía” de la Misión y de los Misioneros. Allamano decía: “Llevamos el título de la Consolata 'como un nombre y apellido'”.

En el día de la Consolata, durante la Eucaristía celebrada “en comunión fraterna con los misioneros y misioneras de la Consolata del lugar, con la comunidad cristiana, amigos y bienhechores” renovamos nuestra consagración al apostolado misionero.

Les adjunto, ahora, unas expresiones bellas que, tiempo atrás, nos enviaron los Superiores Regionales, Hna. Mary Carmen y P. Jairo:

Ser como María significa tener un corazón de discípulo/apara que escuchemos constantemente la Palabra, la acojamos en el corazón y la comuniquemos con alegría.

Ser como María, significa estar atentos a los gritos de aflicción de los excluidos, resignificando nuestra opción por la vida y por los pobres “con un oído en el pueblo y el otro en el Evangelio”;

Ser como María, quiere decir tener una actitud serena y fuerte para que gustemos la cruz pascual y contagiemos a hombres y mujeres de hoy la esperanza;

Ser como María, quiere decir tener aquel espíritu misionero permanente para ir con prontitud a llevar el “Consuelo”, Jesucristo, a los más necesitados;

Ser como María es ser fiel al Espíritu, abandonándonos al Dios de la Vida, para que en nosotros/as se haga posible ese sueño de amor y comunión que Dios quiere para toda la humanidad.

Los dejo deseándoles lo mejor para ustedes y sus familiares:

No hagan rancho aparte: en el día de la Consolata, ámense más intensamente,
comuniquen más, dejen un detalle de ternura para con sus familiares y amigos;
dejen rastro: son LMC hasta dentro de la piel! Dios no se ha equivocado al llamarlos a esta hermosísima vocación y misión: LMC. Vivan con consistencia, con solidez, según su identidad: siendo ni fríos ni calientes no son allamanianos!

Un abrazo,
P. Luis Manco, imc.




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